Thomas Asbridge: "Las cruzadas se han convertido en una barrera que hay que romper"

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DAVID YAGÜE

  • El historiador británico presenta en España 'Las Cruzadas. Una nueva historia de las guerras por Tierra Santa'.
  • "Si lees lo que se dice en Twitter sobre las cruzadas o la yihad, no duermes en una semana".

Thomas Asbridge

El medievalista inglés Thomas Asbridge (1969) visita Madrid un día de calor. Con esa temperatura y frente a este especialista, resulta fácil retrotraerse al tiempo cuando cruzados francos y mamelucos combatían salvajemente por el control de una franja de tierra sagrada en Oriente Próximo. Asbridge presenta su primer libro en España, Las Cruzadas. Una nueva historia de las guerras por Tierra Santa (traducción de Tomás Fernández Aúz, Ático de los Libros).

En este monumental tomo (944 páginas), este historiador relata las ocho campañas militares con las que el Occidente cristiano trató de conquistar y mantener los Santos Lugares, ocupados desde hacía siglos por musulmanes. Fue una guerra de casi doscientos años, entre 1096 y 1291. Asbridge relata con una equilibrada mezcla de didactismo y fuerza narrativa aquellos conflictos medievales, pero también analiza con ojo crítico lo que supuso y su influencia posterior.

A este historiador le resulta paradójio que la primera y más exitosa cruzada fuera liderada por nobles secundarios: cuando reyes y señores más poderosos pasaron a dirigir las campañas posteriores, fracasaron. "El éxito de la cruzada fue casi un milagro impulsado por una masiva fuerza de fe, ni siquiera ellos esperaban tener éxito. Pero aquella victoria, en la que existió un gran componente de suerte, les dio fuerza y pasaron doscientos años intentando replicarla. Pero no lo lograron, incluso con reyes como Ricardo Corazón de León o san Luis al mando", explica: "La cruzada, como forma de guerra, era una fuerza muy poderosa pero difícil de dirigir: es como el fuego, tanto si lo intentas controlar como si lo dejas ir, te acaba quemando".

Asbridge vuelve a equilibrar el componente religioso en la ecuación cruzada, tras varias décadas donde los historiadores habían destacado el papel de lo económico frente al religioso. "Ahora creemos que religión y economía son como agua y aceite, pero el hombre medieval veía natural que los tres elementos fundamentales de las cruzadas -religión, economía y violencia- estuvieran entremezclados", explica. "Las fuentes nos dicen que aquellos hombres, en general, creían en lo que hacían, estaban aterrados y sabían que lo más probable era que no volvieran; gastaban mucho en ir a la cruzada, muchas veces todo, y dejaban a sus familias casi en la pobreza..." El académico afirma que juzga a los cruzados "con la mentalidad de entonces; hacerlo con la de ahora sería imposible".

Este profesor de la Universidad Queen Mary de Londres propone en su relato un juego de puntos de vista: "La primera parte la cuento desde la óptica cristiana, principalmente porque casi todas las fuentes que tenemos lo son; en la segunda, desoriento al lector y lo narro desde el punto de vista musulmán; en la tercera, voy simultaneando las dos perspectivas, sobre todo usando a Ricardo Corazón de León y Saladino. Quiero hacer consciente al lector de que en todo hecho hay más de un punto de vista, dos o habitualmente más".

Tras los grandes líderes, las batallas, los asedios, la sangre y las espadas, Asbridge concluye con un interesante capítulo donde analiza la evolución de cómo occidentales y musulmanes han recordado y manipulado las cruzadas. Sus conclusiones con claras: asegura que en los dos últimos siglos se ha creado un "relato falaz" que sugiere que aquellas guerras fueron el "eje determinante de las relaciones entre el Islam y Occidente" y generaron un inevitable y perpetuo "choque de civilizaciones". Este profesor asegura que las cruzadas "no habían dejado una huella permanente en ninguna de las dos sociedades implicadas" y que incluso, a finales de la Edad Media, aquellas guerras habían caído "en el olvido" y  no "habrían de resucitar hasta varios siglos más tarde".

"Las cruzadas están muy mitificadas y artificialmente enterradas en la configuración del mundo actual", asegura, "se han convertido en una barrera que hay que romper". "Fueron hechos históricos muy relevantes, que moldearon el mundo medieval, pero fueron conflictos como otros muchos: como los que han enfrentado a Inglaterra o Francia o a sunitas y chiítas, durante siglos. Nos hablan de guerra y violencia, sí, pero también de coexistencia y para mí es importante que se reconozca".

Asbridge, que está en contacto con el gran público tras haber dirigido una serie de documentales sobre las cruzadas para la BBC, explica que han sido manipuladas -"como casi toda la historia, es difícil que no ocurra"-, pero en este caso se han convertido en un material especialmente sensible. "Saber un poco de historia es algo muy peligroso, porque es muy compleja", explica y asegura que al escribirla el lenguaje supone una toma de posición: "¿Cuándo decides decir que algo es una victoria o una derrota? Ahí ya manipulas y opinas. Yo lucho contra esto y trato de alertar a mis alumnos y lectores".

"Si lees lo que se dice en Twitter sobre las cruzadas o la yihad, no duermes en una semana", asegura este profesor que explica que utiliza esos materiales para debatirlos con sus alumnos en clase. "En el aula uso mucho la coletilla 'en mi opinión', porque busco que los alumnos me den la suya y mostrarles que en la historia no hay una solución única", relata Asbridge, "obviamente no opinamos sobre fechas o nombres, pero sí sobre las preguntas fundamentales, ¿qué las motivaron? ¿fueron guerras defensivas o de agresión?". Y remata este profesor con la visión que tiene de su disciplina: "La historia medieval es como tener que reconstruir un bellísimo mosaico romano de 10.000 teselas, pero del que tú solo tienes 3.000 piezas. Puedes hacerlas conectar de una manera que encajan, pero quizá el de al lado hace lo mismo pero colocando las piezas de distinta manera".

Asbridge asegura que le "fascina" como la palabra cruzada se ha desvinculado de su contexto histórico y ahora se utiliza para todo, desde la política hasta para "campañas de higiene dental". Cree que esos usos no van a ser erradicados, pero piensa que sería útil "que la ciudadanía comprendiera su contexto histórico real". Como concluye su libro, "si queremos mitigar la fuerza de la propaganda y contrarrestar los llamamientos de hostilidad, debemos investigar y comprender la realidad de esas guerras medievales. Pero también resulta imperiosamente necesario situar a las cruzadas en la esfera a la que pertenecen: la del pasado".